Encuentro con un experimentado compositor narrado con tres grados de precisión - Juan Maria Solare
Tres grados de precisión
Encuentro con un experimentado compositor narrado con tres grados de precisión - Juan Maria Solare
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Juan María Solare composer & pianist
Juan Maria Solare - composer and pianist. Foto: Lea Dietrich
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Tres grados de precisión | Juan Maria Solare

Tres grados de precisión



por Juan María Solare

Cierto día le mostré una de mis composiciones musicales más breves a un experimentado maestro. Hizo una crítica. Su comentario me hizo ver un aspecto de mi propia obra que se me había pasado inadvertido. Por un tiempo creí que su observación señalaba un error mío. Luego comencé a pensar que ese "error", sin embargo, le daba a la obra cierta consistencia. ¿Fue entonces un acierto, pero casual?

Cierto día, hace casi veinte años, le hice oir una de mis obras de cámara más breves a un muy experimentado compositor, uno de los patriarcas de la música clásica en España. Hizo una aguda observación. Su comentario me llevó a reconocer en mi propia obra un aspecto clave que se me había pasado por alto: la textura era siempre igual, muy predecible. Durante largo tiempo creí que su certera crítica señalaba un error conceptual mío, un tipo de error que apenas puede corregirse porque implica que la obra está mal planteada desde su misma concepción. Mucho más tarde comencé a pensar que ese aparente error le otorgaba a esta obra en particular cierta coherencia adicional, porque esa predicibilidad estaba en concordancia con el objetivo estético de la composición. No puedo determinar entonces si mi planteo fue un error o un acierto, pero lo importante fue focalizar aquel aspecto primario -la textura sonora- que yo no había cuidado conscientemente.

Cierto día, y fue el 26 de marzo de 1995, visité a Luis de Pablo en su casa en Madrid, y le hice oir la grabación de mi pieza Arrorró, para violín y clarinete, de 3 ó 4 minutos de duración. Su crítica me tomó por sorpresa. Comentó que la textura era demasiado homogénea: alternan siempre ambos instrumentos, uno toca algunas notas y luego viene el otro por otro par de notas. Al poco tiempo este ping-pong se torna predecible. Yo no me había dado cuenta de que esta periódica alternancia era lo primero que se percibía, lo más evidente, la estructura de superficie. Su comentario me hizo ver que la textura es un parámetro musical muy fuerte para la percepción, una dimensión primaria, y que la estructura en diálogo a jirones (casi como en un diálogo teatral) puede ser una textura musical. Pero una entre miles. Por muchos años creí que esta característica de mi obra era un error compositivo, un error de concepción, algo ya irreparable. Luego comencé a intuir que este supuesto fallo le otorgaba a la obra cierta consistencia, cierta cohesión. ¿Por qué extremar la variedad? ¿Mejora una obra -se torna más interesante- cuando aumenta el grado de complejidad? ¿Debe ser interesante -debe mantenernos alerta- una obra que, como Arrorró, es una canción de cuna (una nana, se diría en España)? ¿O acaso la monotonía (derivada de una estructura dialogada sin apenas variantes) sea lo más adecuado para una obra destinada a que los infantes caigan en los brazos de Morfeo y allí se queden durante varias horas? Se responda como se responda a estas preguntas (que es anecdótico), lo relevante fue haber tomado conciencia de qué es lo que se oye en primer término. Parece que aquí funcionó la intuición, uno de los nombres de la suerte.

Juan María Solare
[Bremen, 6 al 8 de noviembre de 2012]
error, textura musical, Luis de Pablo
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